Me resulta imposible creer que su culpa no esta abonada por nuestra propia irresponsabilidad civil y deseo inmediatista de consumo. ¿Recuerdas los días cuando no existían las tarjetas de crédito y comprabas lo que deseabas, si es que podías, pero solo después de haber ahorrado para hacerlo? Yo si lo recuerdo. El poder que tienen esas instituciones se lo damos nosotros con nuestra irresponsabilidad. ¿De qué sirve el oro, concretamente? No te lo puedes comer, no te cura una enfermedad; ¿por qué lo deseamos entonces? ¿Qué le da tanto valor? nuestra vanidad y estupidez. Eso hace que hasta matemos por un pedazo de mineral amarillo que no sirve realmente para nada mas que para alimentar nuestra vanidad. — Rubén Blades.
Short URL for this post: http://tmblr.co/ZALyWyPZecfA